Tanto que hasta las rusas, las absolutas dominadoras de este deporte desde hace diez años, empiezan a fijarse en detalles que hasta ahora no eran importantes para ellas. La entrada en la piscina, por ejemplo. Antes de saltar a la piscina hay que ganar los primeros puntos.
Pero al equipo ruso todavía le basta para ganar con su prácticamente inmejorable técnica. Su ejercicio sobre la vida bajo el mar, con saltos altísimos y figuras imposibles, ha sido prácticamente perfecto. Tan solo un pequeño fallo en la figura final, de un ritmo y una espectacularidad que no está al alcance de nadie más, no empañan un ejercicio merecedor del oro. Hasta los más desconocedores de este sacrificado deporte ven enseguida que las rusas no son alcanzables.
El bronce, como ayer en las rutinas, ha sido para las chinas. Y el susto fue para las japonesas, ya que una de sus nadadoras se desmayó nada más finalizar el ejercicio. Exhausta, la nadadora japonesa se había quedado sin oxígeno. Al final todo quedó en una anécdota. Nada consiguió empañar la medalla española, que justifica cuatro años de trabajo a destajo tras la decepción de Atenas, cuando Mengual y compañía fueron cuartas tras unas calificaciones problemáticas de los jueces.














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Anonimo comentó
el lunes, 22 de septiembreo comentó
el lunes, 22 de septiembre